Lo que nos une.

La vida nos trae momentos que podrían aislarnos como sociedad, pero los seres humanos encontramos caminos para potenciar esa capacidad de ser más como comunidad. 

A lo largo de mi vida he sentido cimbronazos que me han cambiado la vida. Por lo menos tres ocasiones he sentido esos movimientos gigantes dentro de la sociedad en la que vivo. 

Cuando no tendría más de diez años fue la primera vez en que las luces se apagaron en Bogotá más temprano de lo normal. No porque los adultos ordenaran que nos fuéramos a la cama, sino porque las reservas de las hidroeléctricas estaban muy bajas. Durante ese primer apagón programado, Manolo Bellón hizo un especial sobre Los Beattles. Años después me enteré lo escuché todas las noches con Gary, mi marido; cada uno desde su casa e infancia. No recuerdo que sentía en la oscuridad, pero recuerdo que la voz de Manolo me iluminaba las noches y me inició en la música. 

 

 

En 1992 volvimos a vivir la reducción de las reservas de agua para generación eléctrica por cuenta del fenómeno del niño. El gobierno nos cambió la hora, por lo que las clases de siete en realidad eran a las seis de la mañana y recuerdo con frío a los niños pequeños saliendo para el colegio en medio de la noche.  Con este apagón llegó La Luciérnaga, un programa de radio que aún existe en Colombia, y con ella millones de colombianos nos reímos de la política y la realidad del país en medio de las cuatro horas de oscuridad. Recuerdo salir corriendo de mi casa para alcanzar a subir en ascensor a la casa de mis papás y sentarnos alrededor del radio compartiendo la experiencia día tras día. No era lo mismo oírla en cada casa, lo emocionante era estar con otros y reírnos juntos.

Este 2020, que tantos  aprendizajes nos ha dado, nos trajo el distanciamiento social, pero los seres humanos que somos tan creativos hemos encontrado mil maneras de reunirnos y seguir siendo estos entes sociales que somos: conciertos, visitas virtuales, circo y opera a la carta. Por mi parte, cada mañana tengo meditación con tres amigas del que salgo recargada, en particular por la conversación que sana, y me ha hecho valorar los hilos con los que la amistad nos une; de cuando en cuando cocino a distancia con otra amiga y el día menos pensado clasificaremos para masterchef, pero hay un evento más colectivo que me ha llenado el alma y en la distancia me ha hecho sentir como si estuviera en Colombia. Cada noche a las 9 p.m. de allá, 4 a.m. de Barcelona hay una lectura en voz alta de mi libro favorito: Historia oficial del amor. La lectura la han hecho actores y amigos del autor que le han regalado un pedazo de su alma a la lectura… Es un libro que merece la pena ser leído en voz alta, con esa sensación de regresar a la infancia cuando nuestros padres nos contaban un cuento, porque es la historia de los amores que se viven en una vida… el amor de la familia de la que venimos y  de la que elegimos entrelazada con la historia de un país.  

¿Por qué son hitos estos casos? Porque nos devuelven a la narración originaria de las historias en donde el grupo se reunía alrededor de la hoguera para compartir sus historias. Y es a través de momentos como estos en que nos recordamos que en el fondo somos uno. 

 

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